quinta-feira, 31 de julho de 2014

438 - Na Escola digital serão necessárias as bibliotecas escolares?

Descobri em http://ined21.com/p6707/ este texto de:Manuel Area Catedrático del Dpto. de Didáctica e Investigación Educativa en la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna (España) en donde que imparte la materia de “Tecnología Educativa”.
 
Confesso não concordar com a conclusão do texto e até me custa a crer como é que se pode pensar que a Biblioteca Escolar é apenas o local dos livros impressos, mas a questão que dá mote ao texto é central e necessita de uma resposta de todos nós. 

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En el ámbito escolar, a lo largo de más de un siglo, el libro fue elevado a categoría de canon del saber y del conocimiento convirtiéndose en el eje central de lo que debía enseñarse y aprenderse. Esta visión y modelo de escolaridad se consolidó de tal manera que la simbiosis entre libro y escuela fue tan profunda que surgió un tipo de libro singular y específico para el trabajo en el aula: el libro de texto. Este material didáctico, a lo largo de muchas décadas, fue evolucionando hasta convertirse en el recurso casi indispensable para la labor docente de forma que lo que se enseñaba y lo que se aprendía era lo que estaba impreso en sus páginas.
De forma paralela, en numerosas escuelas y colegios fue surgiendo la necesidad de crear bibliotecas que ofrecieran otro tipo de libros con potencial pedagógico como las colecciones de libros infantiles y juveniles, de enciclopedias, de diccionarios, de obras de literatura, de libros ilustrados y demás materiales didácticos que fueran útiles tanto los estudiantes como para los profesores. Por todo ello, una biblioteca escolar, era un lugar necesario y complementario de los procesos educativos desarrollados en el interior de las aulas. La biblioteca era, de este modo, un territorio de animación a la lectura, un centro de recursos o materiales didácticos, y un foco o espacio para la ampliación del conocimiento que no estaba en los libros de texto.
Sin embargo, con la llegada de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) los tiempos han cambiado profundamente y existen muchas probabilidades que, a medio plazo, los libros de texto y demás publicaciones impresas empiecen a desaparecer del interior de las aulas. Esta hipótesis no es ciencia ficción, sino un hecho real. Algunos países ya han anunciado la implantación de políticas educativas destinadas a sustituir los libros de texto por materiales educativos digitales. Por ejemplo, en Corea del Sur el Ministerio de Educación ha planificado que los tablets, lose-readers y otros dispositivos electrónicos sustituirán a los libros de textode papel en el año 2015. En U.S.A. varios estados federales como Florida o California ya han comenzado este proceso que apoya la Administración Federal. Incluso la SETDA (Asociación de directores de tecnología educativa de los estados) en un reciente informe reclaman que este proceso acabe en el curso 2017-2018.
Existen muchas voces que pregonan la necesidad y urgencia de que la escuela se apropie de la tecnología digital y transforme de modo radical su práctica pedagógica. Desde hace varios años se experimentando con distintas propuestas de materiales educativos en formato digital: por una parte, están los denominados libros digitales educativos que responden a una visión estructurada del conocimiento, similar a los libros de texto en papel, pero incorporando la interactividad y la hipertextualidad, por otra están surgiendo un tipo de materiales educativos gamificados (también conocidos como serious games) que ofrecen experiencias abiertas y flexibles de aprendizaje apoyadas en las aportaciones de los videojuegos.
Por otra, están todos los variados recursos o herramientas que ofrece Internet, o la web 2.0, que permite que un docente pueda seleccionar aquellos objetos digitales (un video, un blog, un portalweb, una presentación multimedia, una actividad online, o cualquier otro producto) para que su alumnado desarrolle tareas de aprendizaje en torno a los mismos. Asimismo, la red o web 2.0 hacen posible que los estudiantes se conviertan en creadores o constructores de contenidos, y no sean meros receptores de información vehiculada a través de los libros. Herramientas digitales como editores de fotografías, de textos, de videos, de diapositivas, de mapas conceptuales, de creación de sitiosweb, de blogs, de wikis, redes sociales de intercambio de mensajes e información, entre otras muchas, están permitiendo que el alumnado pueda aprender a expresarse y comunicarse mediante múltiples lenguajes y formas simbólicas.
De este modo, la alfabetización en la escuela de la era digital ya no puede reducirse a saber leer y escribir textos en lenguaje alfabético, sino que un sujeto culto del siglo XXI tiene que tener múltiples alfabetizaciones. Estas nuevas alfabetizaciones significa que en las escuelas debe enseñarse a saber encontrar en Internet información útil y adecuada en función de una serie de propósitos, a saber trabajar colaborativamente en entornos virtuales, a dominar las competencias para a comunicarse y expresarse en múltiples formatos y con las herramientas digitales.
La pregunta es inevitable: en este nuevo contexto donde los materiales didácticos tradicionales de papel empiezan a desaparecer, ¿tienen sentido y utilidad las bibliotecas escolares? Mi posición es que sí. La razón principal es que las escuelas serán seguramente a medio plazo uno de los pocos espacios sociales donde los niños encuentren libros en papel. Defiendo, que las TIC sean parte cotidiana del trabajo escolar, pero también que en la escuela deben convivir y estar presentes muchos materiales de distinta naturaleza (impresos, audiovisuales, sonoros, multimedia, realidad aumentada, manipulativos, etc.). La presencia y uso de distintas y variadas tecnologías proporcionará a los estudiantes experiencias de aprendizaje valiosos y ricos que les ayudará a desarrollar conocimientos de distinta naturaleza cognitiva y emocional. Las bibliotecas escolares no serán solo un recuerdo del esplendor pasado del libro, sino que debieran ser el contrapunto necesario para desarrollar experiencias culturales paralelas a las que se obtienen en el ciberespacio.